Hasta ahora, el grupo Marlango, liderado por Leonor Watling, había publicado álbumes con una tendencia natural a la melancolía y a la nostalgia. Pero el nuevo disco del grupo, Life in a treehouse, que salió a la venta el pasado 2 de marzo, desprende una alegría sorprendente. El pianista de la banda, Alejandro Pelayo, reconoce que su evolución, en relación a sus anteriores trabajos discográficos, es muy palpable. Confiesa que su reciente paternidad, así como la maternidad de Watling (que tuvo un hijo junto al cantautor Jorge Drexler), han influenciado notablemente a gran parte de los temas. De hecho, ambos músicos reconocen que la canción Let the sky fall es una “nana para los niños”.
Esta semana lo han presentado en un concierto íntimo al que acudieron unas 250 personas. Entre otros temas del disco, interpretaron el single, The Long Fall, cuyo videoclip es ciertamente optimista. Y eso a pesar de que la voz de Watling desprende una sensación de melancolía que ha conjugado a la perfección con canciones tan tristes como Vete, que se utilizó como banda sonora de la película Malas temporadas.
Precisamente con las emociones que provoca su voz jugaron en sus primeros álbumes. Resulta inevitable recordar su primer trabajo, Compañía telefónica (2004), que se metió a los críticos en el bolsillo y creó a un grupo reducido, pero fiel, de fans. Conservo un vívido recuerdo del concierto que ofrecieron en la sala La paloma de Barcelona, un frío otoño de hace seis años, que supuso un punto de inflexión para la banda. Poco más tarde publicaron su segundo disco, Automatic Imperfection (2005), y dos años después The Electrical Morning (2007), cuyo single Hold Me Tight muchos recordarán por su excepcional videoclip. El verano de 2008 ofrecieron un concierto fantástico en Figueres (la foto es de ese concierto), en el que tocaron gran parte de los temas de ese álbum.
A pesar de la calidad de esos tres discos, es de agradecer un álbum más optimista. Algunos críticos aprecian influencias de Fleetwood Mac en este nuevo trabajo discográfico. Quizás sea por las “alegres armonías” de algunos de los temas del álbum Rumours (1977), un trabajo especialmente recomendado por los críticos del libro 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. La gira empieza mañana, en Guadalajara, y les llevará durante tres meses a Oviedo, Toledo, Valladolid, Bilbao, Valencia o Barcelona, entre otras ciudades.
Marlango: The Long Fall (2010)
Marlango: Madness (2004)
Marlango: Hold Me Tight (2007)
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Regresa la banda de Bristol, los padres del trip-hop, el grupo que en los años noventa rompió moldes. Su nuevo álbum, Heligoland, es quizá aún más creativo que sus precedentes. El primer single, Paradise Circus, es absolutamente perturbador. Si lo tuviera que usar de banda sonora en una película, probablemente sería en alguna de Tim Burton:
It's unfortunate that when we feel a storm (Qué desafortunado que cuando sentimos una tormenta)
we can roll ourselves over 'cause we're uncomfortable (giremos porque estamos incómodos)
Love is like a sin my love (el amor es como un pecado, mi amor)
Repasemos los dos primeros trabajos discográficos de la banda (Blue Lines y Protection), recomendados ambos por los críticos del libro 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. Hay que reconocer que el álbum de debut de Massive Attack, Blue Lines (1991) fue toda una revelación que fundó un movimiento bastante centrado en la fusión entre hip hop y downtempo, que abarcaría una década y desembocaría en la aparición de figuras como Morcheeba y Groove Armada.
Lo que hizo tan famoso el disco fue el toque chic urbano que se le otorgó desde los barrios siniestros y peligrosos de Bistrol donde vivían y trabajaban los miembros del grupo, y el hecho de que The Wild Bunch, los productores del disco, fueran una pandilla; un colectivo de consumidores de hip hop, reggae y hierba, sin aspiraciones, a los que les gustaba la música cruda y exuberante. “Todo ello hace que el sonido pulido y diseñado con precisión de Blue Lines resulte tan inesperado, y lo convierte en el aspirante perfecto al mejor disco de down-tempo de la historia”, sobre todo gracias a temas como Unfinished Sympathy, inolvidable.
Los supervivientes de la formación original volvieron al ataque con Protection (1994), que provocó reacciones encontradas. Este disco ayudó a cimentar el estatus de Massive Attack como puntas de lanza del emergente sonido de Bristol; allanaron el camino a formaciones como Portishead, Sneaker Pimps y Beth Orton. El disco fue uno de los primeros indicadores de que el estilo que hoy conocemos como trip-hop, a pesar de que ellos rechacen ese concepto, no era una mera tendencia, sino un sólido género en crecimiento. La influencia ejercida por Protection se puede escuchar en todo el mundo, en cualquier parte donde se aprecien los buenos beats.
Sin duda, Heligoland tendrá admiradores y detractores, pero todos coincidirán en que se trata de un álbum absolutamente original que merece la pena ser escuchado.
Massive Attack: Unfinished Sympathy
Massive Attack: Teardrop
Massive Attack: Paradise Circus
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Beyoncé arrasa incluso en los Grammy. La tejana de 28 años se ha hecho con seis de los diez premios a los que aspiraba, coronándose como la primera mujer en lograr tantos galardones. Y, a pesar de que fue Taylor Swift, con su disco de música country Fearless, quien se llevó el Grammy más preciado (mejor álbum del año), Beyoncé acaparó toda la atención durante la gala. Quizá por ello sea la diva del momento. Deseada por los hombres y admirada por las mujeres, no hay quien no haya meneado su cuerpo a ritmo de Single Ladies, con ese estupendo videoclip que cuenta con millones de visitas en youtube. Precisamente ese tema obtuvo el premio a la Mejor canción del año, Mejor canción de Rhytm and Blues (R&B) y Mejor interpretación vocal femenina R&B. Tres premios para una sola canción.
Si a ello le sumamos los premios a la Mejor interpreación R&B tradicional (por At Last), al Mejor álbum contemporáneo R&B (por I Am… Sasha Fierce) y a la Mejor interpretación para un vocalista pop (por Halo), el resultado es una cantante que bate todos los récords. Por primera vez en 52 ediciones una mujer se lleva seis Grammy y tres mujeres (Beyoncé, Lady Gaga y Taylor Swift) suman un total de 23 nominaciones.
Ya desde el principio, la presencia de Beyoncé ha generado ingresos astronómicos. Si se incluyen las cifras de ventas de los álbumes que publicó junto a las Destiny’s Child, los beneficios ascienden a más de 100 millones de dólares. Después de trabajar con Kelly Rowland, entre otras, en los primeros álbumes de Destiny’s Child (The Writing’s On The Wall, 1999; y Survivor, 2001), lanzó su segundo álbum en solitario (B’Day) en 2006, que incluía el exitoso tema Irreplaceable.
Sin embargo, como aseguran los críticos de 1001 discos que hay que escuchar antes de morir, “es muy comprensible que muchos vean Survivor como el primer disco en solitario de Beyoncé, puesto que o coescribió o produjo las quinces canciones del álbum. Su orgulloso papá, que hacía las veces de productor ejecutivo, se preocupó de que su hija tuviera los mejores fragmentos vocales. Sin duda, Beyoncé arrasaría a solas dos años más tarde con Dangerously In Love, un superventas que fue casi tan bueno como Survivor, aunque después volviera al redil de la banda original con Destiny Fulfilled (2004)”.
Su tercer álbum en solitario, I Am… Sasha Fierce, que salió a la venta en noviembre de 2008, consolidó a Beyoncé en lo más alto de las listas de ventas, con canciones como If I Were A Boy, Single Ladies (Put A Ring On It) y Halo, y convirtió a la cantante de Houston en una de las mujeres más poderosas del mundo.
Beyoncé: ‘Single Ladies’
Beyoncé: ‘Halo’
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Se llama Ana López, aunque todos la conocen como Anni B. Sweet y por su dulce voz. A mi me recuerda a Lourdes Hernández, la cantante de labios rojos de Russian Red. De hecho, las semblanzas entre una y otra son muchas: Morenas con flequillo, cantan en inglés (“por instinto”), tienen 22 y 23 años respectivamente, recibieron el apoyo de Brian Hunt, participaron en la banda sonora de la serie Cazadores de hombres y se dieron a conocer a través de MySpace. Y si nos adentramos en su música, las similitudes se acentúan aún más.
Tienen una voz que recuerda a la de la cantante canadiense Feist (conocida por su tema 1, 2, 3, 4) y la melodía de sus canciones índies atrapa a los oyentes. Ambas han sido destacadas por los críticos como artistas revelación dentro de la música pop-indie española.
Sin embargo, Anni B. Sweet tiene el éxito más reciente. La semana pasada inició su gira en Málaga, su ciudad natal, y tiene previsto actuar en diversas ciudades españolas y europeas. Antes de este reconocimiento Sweet tocaba en pequeñas salas de Madrid e incluso fue telonera de Antonio Vega, quien alabó su voz transparente. Más tarde fue invitada a participar en el Festival Internacional de Benicàssim (FIB), algo que le pareció espectacular, acostumbrada a los pequeños públicos.
El éxito de Start, restart, undo, su álbum debut, se debe en gran medida a MySpace, donde la joven malagueña colgó sus temas. De hecho, fue allí donde el cantante Javier Ojeda, ferviente admirador de Sweet, contactó con ella. Sin embargo, no es la primera vez que Internet contribuye al éxito de los músicos. Los críticos de 1001 discos que hay que escuchar antes de morir explican que sucedió lo mismo con la popular banda británica Arctic Monkeys, que se dio a conocer a través de la red: “Los Monkeys, aupados por un feroz apoyo local, despertaron una oleada de expectación a través de MySpace, ofreciendo contenidos gratuitos a las masas por toda la red y utilizando por primera vez el inmenso poder promocional de dicha página”.
Su canción Motorway, el primer single del álbum, es la más aplaudida en la red, aunque yo me quedo con La la la, que transmite muy buenas sensaciones y recuerda a Cigarettes, de Russian Red. Si queréis comprobar las semejanzas entre la música de Anni B. Sweet y de Russian Red, mirad estos videoclips y comparad vosotros mismos.
Russian Red & De Pedro: ‘Perfect Time’
Anni B. Sweet: ‘Motorway’
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El último y esperado disco de Norah Jones, The Fall, que se puso a la venta el pasado noviembre, es una delicia para los oídos. Su voz, irremediablemente asociada a la de la cantante canadiense Joni Mitchell, transmite una cálida sensualidad. De su voz precisamente se enamoró su descubridor, un miembro de la gran discográfica EMI, en el año 2000. Pero Jones llevaba el jazz en la sangre desde hacía mucho tiempo.
Neoyorquina de nacimiento, se trasladó con su madre a vivir a Texas cuando tan solo tenía cuatro años. Allí experimentó su primera atracción por la música, donde empezó a escuchar a Aretha Franklin, Ray Charles, Bill Evans o Billie Holiday. Jones hizo sus primeros pinitos cantando gospel en el coro de una iglesia, aunque desde los siete años ya daba clases de piano y saxofón. En la Universidad de North Texas estudió piano y se especializó en el teclado de jazz. A los veinte años regresó a Nueva York, donde se estableció definitivamente y entró en un circuito de clubes y conciertos a pequeña escala, colaborando con algunas bandas. Durante uno de esos conciertos la escuchó un miembro de la discográfica EMI, que la dio a conocer al director del sello de jazz Blue Note. Y allí nació el fenómeno: una joven con una voz delicada y sensual arrasó en un mercado plagado de raperos (era el momento cumbre para Eminem) y de explosivas divas del pop (como Kylie Minogue).
Con su primer disco (Come Away With Me, 2002), vendió veinte millones de copias y ganó ocho Grammys. 1001 discos que hay que escuchar antes de morir dice de él: “Es una mezcla seductora de folk y jazz y Norah Jones tiene un filón texano que recuerda más bien a Edie Brickell”. El primer single y, además, el tema de mayor éxito, Come Away With Me, es “la mejor canción de todas”.
Aunque Jones ha mostrado en alguna ocasión sus tendencias rockeras (una vez dijo: “Escucho a los Rolling Stones y me entran ganas de estar en una banda de rock”), su nuevo álbum, The Fall, sigue en la línea de sus primeros discos. El primer single, Chasing Pirates, alude a mensajes en botellas y, en el videoclip, Jones recorre Nueva York en un barco pirata improvisado sobre la azotea de un edificio, en busca del mar.
A pesar de que Chasing Pirates es un tema precioso, no puedo evitar sentir predilección por el segundo álbum de la neoyorquina: Feels Like Home (2004), cuya canción What Am I To You es pura ternura:
When I look in your eyes (Cuando te miro a los ojos)
I can feel the butterflies (puedo sentir las mariposas)
I love you when you're blue (te quiero cuando estás triste)
Tell me darlin true (dime cariño)
What am I to you (qué soy para ti)
Norah Jones: Come Away With Me
Norah Jones: What Am I To You
Norah Jones: Chasing Pirates
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Baby It's new age, you like my new craze
Let's get together maybe we can start a new phase
I'm tired of using technology aye, why don't you sit down on top of me
I'm tired of using technology aye, I need you right in front of me
Aunque no conozcamos al cantante, a todos nos viene a la cabeza la melodía de esta canción, que no deja de sonar en radios y discotecas de todo el país.
El responsable de este éxito es el músico belga Jonathan Vandenbroeck, más conocido como Milow, que está arrasando en España con su versión del tema Ayo Technology. De hecho, en 2008 se llevó el premio Industria Musical por esta canción.
Y, sin embargo, el single original es del rapero 50 cent, que contó con la colaboración de Justin Timberlake para la grabación de esa canción. No sorprende que el videoclip del tema original haya tenido más de 41 millones de visitas en Youtube, dado que explota la idea de que a través de la tecnología se pierde el erotismo del contacto físico. Y para transmitir esta sensación no dejan de aparecer mujeres esculturales contorneándose y seduciendo a los dos músicos. Lo mejor del vídeo es Timberlake, que cuando grabó el videoclip ya había dejado atrás sus años de adolescente y flequillo rizado que le habían hecho famoso cuando lideraba la banda Nsync. De hecho, en 2002, año en que lanzó su álbum Justified, el cantante de Memphis (Tennessee), “había llevado a cabo una de las más grandes transformaciones en la historia de la música pop, a base de conservar el apoyo de su audiencia adolescente, ganarse la de los clubes urbanos y emisoras de radio y coronarse nuevo rey del pop”, según explica el experto musical Malik Meer en 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. Y el Justin Timberlake que vemos en el videoclip junto a 50 cent es ya todo un hombre, y, para más inri, seductor.
En la misma línea, pero con la mitad de visitas, se incluye el videoclip de la versión de Milow, que también juega con el erotismo femenino, pero con mucha más elegancia. Si nos ponemos a comparar, Milow aparece mucho más comedido que Timberlake, sentado con su guitarra en brazos, a la espera de que las explosivas mujeres del vídeo se lancen sobre él.
Para aquellos que quieran ver a Milow en acción, informaros que vendrá a nuestro país en febrero. Tras pisar las principales ciudades alemanas y francesas, los días 26, 27 y 28 de febrero realizará una gira por España, actuando en Madrid, Barcelona y Bilbao respectivamente.
50 Cents & Justin Timberlake: Ayo Technology
Milow: Ayo Technology
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Esta semana mi profesora de árabe me ha descubierto un grupo palestino de hip hop, Dam, de gran éxito no sólo en Palestina, sino también en Estados Unidos, donde cuentan con muchos seguidores implicados en el conflicto árabe-israelí. El primer tema que escuché, Meen Erhabe (“¿Quién es el terrorista?”) me pareció increíble, quizá también por la fuerza de las imágenes que lo acompañaban.
La banda la forman tres jóvenes palestinos (Tamer Nafar, Suhell Nafar y Mahmoud Jreri), que empezaron a tocar a finales de la década de los noventa. Sus tres miembros nacieron y crecieron en las barriadas de Lod, una ciudad a 20 kilómetros de Jerusalén donde conviven árabes y judíos. Su música es original por la fusión que realizan de Oriente y Occidente, combinando los ritmos percusivos árabes con las melodías de Oriente Medio y el hip hop urbano. Las letras están influidas por el conflicto palestino-israelí, así como por la constante lucha palestina por la libertad y la igualdad. Asimismo, algunas de sus canciones hablan de temas controvertidos como el terrorismo, las drogas o los derechos de las mujeres.
El tema Meen Erhabe se incluye dentro de su segundo álbum, del mismo nombre, que se puso a la venta en 2001. En tan solo un mes, un millón de personas descargaron el single desde una página web de música árabe. Un año más tarde, colaboraron en la banda sonora del film documental Ford Transit (2002), del famoso director de cine Hany Abu-Assad, ganador de un Globo de Oro por su película Paradise Now (2005).
Me resulta inevitable recordar otro álbum de denuncia del terrorismo, mucho más mediático, pero de una calidad indiscutible: The Rising (2002), de Bruce Springsteen. 1001 discos que hay que escuchar antes de morir apunta: “¿Un disco nacido de las cenizas del 11-S? Solo un artista del calibre y la experiencia de Bruce Springsteen podía dar a luz esta obra, en lugar de crear algo sensiblero, tópico o vengativo”. Y más que eso: “The Rising es la respuesta magistral de Springsteen a aquel día horrendo”. El álbum habla de la angustia, de la desesperación, la necesidad de seguir adelante. La idea de que se deben curar las heridas se plasma con inspiración en Worlds apart, interpretada con armonio, tabla y estilos vocales utilizados en la música sufí islámica. “Se trata de un disco verdaderamente emocionante”. Como también lo es Meen Erhabe. Y la pregunta sigue en el aire: ¿Quién es el terrorista?
Dam: Meen Erhabe (¿Quién es el terrorista?)
Bruce Springsteen: Worlds apart
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Nos gusten o no, todos tenemos en nuestras retinas a esos cuatro chicos maquillados monstruosamente, con trajes de cuero negro ceñidos a sus enclenques cuerpos y botas de plataforma de quince centímetros. Después de once años sin publicar nada nuevo, la mítica y explosiva banda de rock Kiss regresa con su vigésimo tercer disco, ‘Sonic boom’. Once canciones que nos trasladan al sonido y la temática de sus orígenes: fiesta, mujeres y ‘rock and roll’.
La banda nació hace 35 años, cuando se unieron Gene Simmons (“el diablo”), Paul Stanley (“el chico estrella”), el guitarrista Ace Frehley (“el hombre del espacio”) y el batería Peter Criss (“el gato”), aunque estos dos últimos han tenido que dejar la banda por su adicción a las drogas.
El líder de la banda, Simmons, perturbador y extravagante, llegó a Estados Unidos junto a su familia judía como consecuencia de la persecución nazi. Con veintitantos años decidió formar el grupo junto a su amigo de la infancia Stanley y otros dos colegas. Ahora tiene 59 años, también Stanley anda por la cincuentena, y, sin embargo, conservan la vitalidad de unos veinteañeros. Aunque el cantante afirma que no le gustan el alcohol ni las drogas, le encanta el sexo: de hecho, Simmons asegura abiertamente (incluso delante de su esposa) haberse acostado con 4.000 mujeres.
El experto musical Bruno MacDonald nos habla en ‘1001 discos que hay que escuchar antes de morir’ de su álbum más emblemático: ‘Destroyer’ (1976). MacDonald explica que “solos de guitarra flamenca y plagios de Beethoven no son los mejores ingredientes del éxito, sobre todo para rockeros de tebeo famosos por ‘Rock And Roll All Nite’. Aun así, ‘Destroyer’ es el álbum mítico de Kiss”. Después de su disco ‘Alive!’ (1975), la banda decidió experimentar en su nuevo trabajo, una decisión que su productor Bob Ezrin apoyó plenamente. Fruto de ese afán innovador, nacieron ‘Detroit Rock City’ y ‘God of Thunder’; así como la extraña ‘Great Expectations’, en la que Ezrin se apropió de la ‘Patética’ de Beethoven.
Independientemente de que su música sea o no de nuestro interés, sus actuaciones en vivo son puro espectáculo. Quedaos con estos dos vídeos, donde se refleja el genio del marketing que Gene Simmons lleva dentro.
Kiss: ‘Detroit Rock City’ (‘Destroyer’, 1976)
Kiss: ‘God of Thunder’ (‘Destroyer’, 1976)
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Ya está a la venta el nuevo álbum de Robbie Williams, ‘Reality Killed the Video Star’ (“la realidad mató a la estrella”), un trabajo que contiene doce canciones más una extra en la línea de su disco ‘Escapology’ (2002). ‘Bodies’ es el primer single del disco, un tema muy rockero, con alusiones a Dios y a Jesús:
“Jesus didn’t die for you, what do you want?” (Jesús no murió por ti, ¿qué quieres?)
“(I want perfection)” (Quiero perfección)
Tras tres años de silencio, regresa Robbie Williams y, al parecer, con más fuerza que nunca. Esta semana se ha confirmado que el cantante británico vuelve con su antigua banda Take That, que abandonó en 1995 por una desavenencia con uno de sus miembros. Pero ahora Williams se ha mostrado eufórico por volver a tocar con sus antiguos compañeros hasta tal punto que, al reencontrarse con ellos en septiembre, el cantante se metió en una tienda de tatuajes de Nueva York y se grabó en el brazo el símbolo de Take That.
Desde que en 1995 abandonara el grupo, Williams ha publicado diez álbumes y todos ellos han alcanzado los puestos más altos en las listas de ventas del Reino Unido. ‘1001 discos que hay que escuchar antes de morir’ destaca su primer álbum en solitario: ‘Life Thru A Lens’ (1997). Los primeros singles, ‘Lazy Days’ y ‘South of the Border’ entraron entre los veinte primeros, pero fue sin duda ‘Angels’ lo que puso al mundo a sus pies.
“La chulería de Williams casaba bien con su sonido pop recién descubierto, que combinaba su natural estilo de cabaret con letras que debían mucho al humor playero inglés”, apunta ‘1001 discos…’, “pero el álbum no sería nada sin el acompañamiento estelar de sólidos arreglos de rock escritos por el cómplice de Williams, Guy Chambers, quien transformó un debut tímido en un éxito monstruoso”.
Es curioso comparar el título de este nuevo álbum (‘Reality Killed the Video Star’) con la portada de su primer disco en solitario (un vistazo al circo mediático que ha engullido a Williams), que, desde la perspectiva actual, era irónica sin querer: ‘Life Thru A Lens’ envió al cantante a la estratosfera y elevó aquel caos mediático a la enésima potencia. Y ahora regresa con un disco que afirma que “la realidad mató a la estrella”. Aunque yo creo que no.
Robbie Williams: ‘Bodies’ (‘Reality Killed the Video Star’, 2009)
Robbie Williams: ‘Angels’ (‘Life Thru A Lens’, 1997)
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La primera vez que el genial trompetista y compositor Miles Davis estuvo en París fue en 1949, junto con el brillante Charlie Parker. Fue uno de los años más importantes para el artista norteamericano, porque sentó un antes y un después en la música, en un concierto en el que Davis comprendió que “emular las mareantes acrobacias armónicas de sus mentores era una pérdida de tiempo”, como apunta ‘1001 discos que hay que escuchar antes de morir’. Así que se reunió junto a un grupo de jóvenes neoyorquinos de la escena underground y “enmarcó el vocabulario de reconstrucción y deconstrucción del ‘bebop’ en un nuevo contexto de improvisación”. Es precisamente en ese punto donde hallamos el foco creativo sobre el que gira ‘Birth Of The Cool’ (1957), su primera sesión discográfica como líder.
Tras ese año 1949, Davis volvió en incontables ocasiones a París. Fue memorable su visita siete años más tarde, en la que grabó, en una sola noche, la banda sonora de ‘Ascensor para el cadalso’ (Louis Malle, 1957), una película excelente debido en parte a la aportación del compositor de Alton (Illinois).
Ante tal inclinación de Davis por la capital francesa, París ha decidido rendirle homenaje con una exposición en el Museo de la Música, titulada ‘We want Davis’. En ella se exhiben centenares de fotografías con Davis como protagonista en sus diversas facetas: de trompetista de jazz, de hippie, de músico de estudio, etcétera. Y, como no podía ser menos, a las instantáneas, a las cubiertas de los discos, a las trompetas y a todos los objetos que consagran al músico, les acompañan las mejores composiciones del genio y algunas grabaciones audiovisuales.
Si tuviera que quedarme con un solo disco de Davis, ése sería ‘Kind of Blue’ (1959), no sólo por la presencia del genial saxofonista John Coltrane, con quien trabajaba desde 1955, sino también por la canción ‘So What’, de la que os dejo un vídeo maravilloso con los músicos en plena acción.
Miles Davis & John Coltrane: ‘So What’ (‘Kind of Blue’, 1959)
‘Ascensor para el cadalso’, con banda sonora de Miles Davis (1957)
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